08 noviembre, 2010

(Calla)

Escalar árboles con fuego,
derritiendo la espesura
de armonías silenciosas,
es fácil; no vale la pena.

Que no nos seduzca el fuego;
veamoslo, des-précialo, se apagará,
porque consume los árboles
y a nosotros hasta transformar
en cenizas la seguridad cerval.

El silencio es el mejor abono,
en estos tiempos jóvenes,
para estas ideas frondosas
e ingenuas de eso detrás
de nuestro cuero: nada.

Escuché al fuego parlanchín,
¡que no te queme ni consuma!,
pues cuando quieras apagarlo
tu bosque ya estará quemado...

tanto nos hizo llorar el silencio
pero no nos sirvió para apagar
el fuego transparente, ardiente,
con las lágrimas que escurrieron.

06 octubre, 2010

Letras de Olvido

Agarraste un grito,
colocaste suspiros en él
con letras furiosas
que no pude entender,
y lo tiraste en mi rostro.

Apuñalaste las realidades,
las más coloridas sobre todo
que tuve en la inocencia,
con el sable de la sangre
que me arrancaste, ¡oh!.

Desobedeciste la ley natural
y también la de (tus) hombres
cuando te apoderaste
de mis atrios y ventrículos.

Se me fue el frío de mis huesos,
de los muslos, de mis andares;
se me fue la sangre helada,
la robaste de mis labios
y no la piensas devolver,
¡oh, Vampiresa de flagelos!.

Las noches se volvieron tinieblas
y nos fuimos en su espacio;
nos perdimos en la tinta de sangre,
sólo ahí, en ningún otro lado,
solos ahí, sin memorias.

27 septiembre, 2010