26 julio, 2010

Invisible Celeste

es como una rabia,
casi como azufre estallando
en un corazón sin paredes,
sin fronteras ni límites.

es como cantarle a tu alma,
de forma tímida y sin verme
pero sincero y cariñoso,
una canción de un niño,
bien cursi, tonto y loco.

es como el énfasis del mismo niño
que sabe que no es,
que con canciones trata
de conquistar el mundo,

y con paz logra su coraza
rosada, eterna, tersa y delicada.

el énfasis de guerra, así es,

el énfasis del tilde en una palabra
que suele acentuarse mal.

es como querer disfrazarse de violeta,
para darle gracias por vivir, siempre,
en mi mente, en mi cuerpo.
con disfraz sutil e inocuo conquistarla,
con disfraz transparente pero bermejo
ganarme sus ganas, su canción eterna,
su arte de la vida y su aliento difícil, violento.

es como creer en dios sin engañarse,
simple utopía del miedo fundado.
como ser inmortal sin ser inmoral,
contradicción de una muerte orgánica.
semejante a llegar al cielo con sólo pensar,
apoteósico reto de no tener alas.

como el volcán, del corazón que retenía mi azufre
como un tirano irresponsable y nocivo.
como lava fría y que domina el cuerpo,
inocua que hierve, siempre fría, parapetándose,
sin escrúpulos y con visible desdén, en mi mente
y en su cuerpo invisible, por delante.

ojos vendados comandados por un cuchillo,
dulce sabueso triste de la desesperanza,
ven y coligen sin saber ver.
buscan inquietos y se dan vuelta,
sumisos por completo al cuchillo,
a escrutar sin compasión y con miedo,
por mis caminos y atajos, por mis bosques
con arco iris de recuerdos luminosos,
y navegan con deferente decoro
nadando por unos lagos de cielo
como enseñanzas pueriles y vulgares de cualquiera.

por momentos se extravían y comienzan de nuevo.
el cuchillo, aunque afilado, no es certero.

si sabe, cuente hasta doce.

doce fueron las veces que tuvo que apuñalar
a mi mente aquel cuchillo inquieto
para poder encontrarla ahí, detrás de un árbol índigo.

el lugar semejaba a la Luna omnipotente,
y por ahí cerca estaba mi corazón
que cada vez, como sonámbulo, se acercaba a ella,
despilfarrando magma de colores, nervioso,
cantando amoroso y con mucho énfasis, embarazado,
se disfrazaba para que la figura de ella, invisible,
no lo reconociera como común, nunca.
adicto se hacía al rezo a la nada,
a la esperanza de latir y no explotar, a veces.

ensimismado, se hacía adicto a ella también,
casi sin fundamento etílico, casi.
incluso, me contaba el cuchillo,
que explotaría y con su hedor tibio, nocivo,
mataría a la dama de mi mente,
la dama divina e inefable,
la señora celeste, pero siempre invisible.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

que hermosos gabriel, son geniales :D

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